Esto pretende dar cabida a una serie de artículos de factura propia, que unas veces parecerán de ensayo y otras solo crónica, crítica —como no—, de una sociedad basada en clases —o castas, como se le quiera llamar—, que solo es utópica para quienes viven a costa de quienes no tienen para vivir.

23 de mayo de 2007

Carta abierta al jefe de los apuñaladores

¿Cómo es posible que el titular de Interior del Govern de la Generalitat de Catalunya —alguien ‘de izquierdas’— justifique ante los medios de comunicación el apuñalamiento indiscriminado de jóvenes por parte de la policía? ¿Qué está pasando en las comisarías y en las calles de Catalunya? ¿Dónde están las dimisiones, los despidos y la revisión de los arsenales?


Hble. Sr. Joan Saura,

Desde la preocupación, te dirijo estas palabras para abundar en los numerosos ruegos que últimamente te ha hecho llegar un importante sector de la ciudadanía catalana y no catalana.

Hoy, 22 de mayo, leo en el periódico de mayor tirada en todo el Estado, que “Un detenido por los ‘mossos’ queda en estado crítico tras caer esposado desde el coche patrulla” (en su versión impresa, el artículo se acompaña de un primer plano de tu rostro, en la que se puede apreciar en toda su dimensión tu ‘evidente sinceridad y cercanía’; por otra parte, este mismo fin de semana todos pudimos ver cómo varios de los sociópatas a medio civilizar que trabajan en tu Departamento apuñalaban indiscriminadamente a los jóvenes que se manifestaban en las calles de Barcelona; y lo que es más: escasos días atrás, el principal informativo de la televisión pública estatal, abría su espacio de titulares con unas imágenes en las que se podía ver como los ‘mossos’ torturaban a un detenido, en la ‘intimidad’ de una comisaría.

¿Qué está pasando con la policía en Catalunya? ¿A qué intereses representas? ¿Cómo puede ser que alguien que encabeza una opción pretendidamente de izquierdas termine por liderar, dirigir, justificar y encubrir semejantes atrocidades? ¿Cuánto hace que no te acercas por tu Agrupación? Aquellos compañeros que no has colocado ni albergan esperanzas de que lo hagas… ¿Te siguen respetando? ¿Y tú, qué sientes por las mañanas al verte durante el afeitado?

Joan, haz tu maldito trabajo, cumple con la responsabilidad que asumiste al acceder a la cartera de Interior: depura los excesos, asegúrate de que tus empleados no lleven punzones al trabajo, ponte en la piel del más débil de los obreros que habita en tu jurisdicción, no dejes espacios para la impunidad, garantiza investigaciones exhaustiuvas para todos y cada uno de los abusos de autoridad. Haz tu trabajo, o vete a casa, pero no ensucies el nombre de opciones políticas marxistas actuando como un Himmler cualquiera; no ensucies el nombre y el prestigio histórico del cuerpo de los Mossos d'Esquadra, portándote como un Fraga cualquiera. Por decencia, por coherencia, por honestidad y por un mínimo sentido de la vergüenza ajena.

Si lo tuyo es el corporativismo, ponte del lado de los ciudadanos, que al fin y al cabo fueron quienes depositaron su confianza en ti a través del voto, pero no te pongas del lado de esa horda de delincuentes disfrazados de policía a quienes permites ‘trabajar’ con punzones.

Identificar, enjuiciar —con garantías— y despedir a ese 5% escaso de brutos que hay entre las filas de tu personal debería ser tu trabajo, y no encubrir sus actos delictivos, por el mero hecho de que lleven el nombre de tu Departamento bordado en sus uniformes. Su vergüenza la hemos visto todos, y si no te desmarcas, si no cumples con tu tarea, su vergüenza es también la tuya.

¿No te das cuenta de que si se corre la voz de que la policía lleva punzones, la Autoridad perderá su autoridad? ¿O acaso eres uno de los que confunden el respeto con el miedo? ¿Piensas que la ciudadanía puede respetar a una banda de vulgares navajeros? ¿Y tú tenías un ‘proyecto de izquierdas’? ¡Si tu partido fuera mínimamente serio, antes de un mes debería echarte, por facha!

Tus declaraciones justificando el uso de punzones contra los jóvenes que protestan por la exclusión social, la falta de espacios culturales o el alto precio de la vivienda, pasarán a la Historia de la ignominia política catalana.

Menos mal que vivo en Madrid, por dos razones: la primera, porque estoy lejos del alcance de tus carniceros feudales; y la segunda, porque así no he de arrepentirme de haberte votado.

Eres peor que los del PP, porque tú no tienes valor ni para decir lo que piensas, ni para mostrarte como eres. Aunque después de esta semana, ya no hará falta. Ahora todo está muy claro: tú, Joan, eres el jefe de los apuñaladores.

¡Salud!

15 de mayo de 2007

Tenemos un problema

Tenemos un problema con nuestra policía. Tenemos un problema con cómo nos torturan, tenemos un problema con la naturalidad con la que mienten ante unos jueces acostumbrados a desear oír esas mentiras. Tenemos un problema, y hay que buscar alguna solución, empezando por llamar a cada cosa por su nombre.

Sí, lo sé, no es cierto… en realidad tenemos muchos problemas: casi todos los políticos nos roban y luego se ríen en nuestras narices como en lo más sórdido de la Edad Media; entonces se comportaban como dioses, con sus sillas de posta, su altanería y modales ‘refinados’, y hoy hacen exactamente lo mismo, a bordo de esos Audi A6 y A8 con los cristales oscurecidos, que tanto les gustan y que muchos de nosotros interpretamos como un derroche que se traduce en una enseñanza pública Realmente mala y una sanidad pública en Franco retroceso (perdón por las mayúsculas intencionadas).

Pero hoy no quería hablar de eso. Tampoco quisiera hablar de los malditos tipos de interés variable, incardinados en una ‘política monetaria’ que en realidad solo beneficia a quienes poseen alguno de esos yates que utilizan para cenar, tras pasar la tarde en el golf y la mañana en misa.

No, no quiero hablar de todas esas cosas… ni siquiera del hecho de que nuestros mercenarios, hartos de un secuestro masivo que ya dura más de siete décadas, se dediquen a genocidear caucásicos, caribeños, persas o indo-asiáticos… no. El problema al que hoy quisiera dedicar algunas líneas es bien distinto:

Nosotros, el Pueblo, tenemos un problema con ‘nuestra’ policía; con quien les manda, y también con quien les controla.

Ocurre, que entre aquellos a quienes pagamos el sueldo, se entremezcla una piara de abusones que con el tiempo, se han acostumbrado a justificar su ‘razón’ en el abuso de la fuerza, y pocas veces al revés. Tenemos un problema: tenemos que soportar que individuos con un arma reglamentaria al cinto nos golpeen, nos insulten, traten de humillarnos, y nos provoquen… pasándose la Constitución por el forro de los cojones (sí, esa mala redacción, salida de la mano de un chusquero con apellidos compuestos, impuesta bajo amenaza de repetir en 1978 lo que ya hicieran en 1936, y ‘refrendada’ mediante un ‘proceso electoral’ en el que se votó a una única opción —omitiendo deliberadamente la totalidad de las propuestas alternativas que bullían en el seno de la ciudadanía—, en fin, todo muy “democrático”).

Hablo de la impunidad, de lo cotidiano de atropellar los derechos civiles y políticos… hablo de la normalidad con que algunos ven el recurso a la tortura, hablo del feo vicio de mentir en sede judicial, de la generalización de la práctica de ‘fabricar pruebas’, de todo eso… y de tantas otras cosas que todo el mundo sabe y de las que pocas veces oiremos hablar.

Opino yo, que a lo mejor el asunto tiene su raíz en nuestra curiosa forma de transitar de la primera a la segunda fase del franquismo. Probablemente, si a la muerte del terrorista que nombró al rey de España, hubiéramos iniciado un verdadero proceso de democratización del país, hoy no nos encontraríamos como nos encontramos.

El hecho es —por hablar con sencillez—, que tenemos un estamento judicial que causa sonrojo en el extranjero (se nos teme aún más que al país del “Expreso de medianoche”). Lo que digo es tan cierto, que cualquiera que disponga de cinco minutos para ‘jugar’ en el Google, puede comprobar lo que opinan en la OSCE de nuestros pequeños aprendices de Adolf, con toga.

¿Y eso qué tiene que ver? Pues muy fácil: si todo depende del criterio de un juez, y la mayoría de ellos son, como todos sabemos que son… he aquí una explicación del curioso respeto que ciertos hotentotes sienten por nuestros derechos constitucionales.

Quizá se arreglaría con sentencias ejemplares, o a lo mejor se podría resolver incluyendo una asignatura de filosofía en los planes de estudio de las academias de policía. Imagino que alguien con una mínima capacidad para razonar, debería comprender que no es civilizado agredir a personas inocentes, que demás le pagan el sueldo, valiéndose para ello de las porras y el resto material que sus propias víctimas le han puesto en la mano, con la ilusa esperanza de que les brinde seguridad y protección.

Volviendo a la Historia: basta darse un garbeo por las transiciones de verdad que se han llevado a cabo en países como Alemania, Sudáfrica, Argentina o Chile, para concluir que en España nos hemos saltado algunos pasos. Pasos, como el de obligar a la Empresa de Brujos Romanos a que se busque las habichuelas por si misma —y de paso, que se mantenga alejada de nuestra infancia—; pasos, como el de abundar en la separación de poderes… o incluso cosas más evidentes: como el hecho inexplicable, de ponerse a redactar una Constitución, omitiendo el detalle de que antes se debe abrir un Proceso Constituyente.

A la vista de lo ocurrido en Malasaña, en la Gran Vía, en la comisaría de los Mossos d’Esquadra, en la Puerta del Sol, en la Glorieta de Bilbao, y en tantos y tantos otros lugares, cabe suponer que uno de los pasos que se quedaron en el tintero, fue el de una formar una Comisión de la Verdad, que se encargara de depurar los mayores crímenes (y a los mayores criminales) de los primeros 40 años del franquismo.

Ojo, que nadie se asuste, no pretendo encarcelar a los hijos de la gran puta que se lo merecen, no, no es eso, no es eso… pero convendréis conmigo, que no estaría de más conocer el nombre de quienes apretaron el gatillo contra Grimau —aunque solo sea por respeto a su familia—, o mejor aún: identificar a aquellos que, simulando ejercer de jueces, ensuciaban el nombre de la Justicia, haciendo las veces de meros intérpretes de un sistema legal viciado desde su origen.

No es eso, no es eso… no pretendo encarcelar a esos hijos de la gran puta… pero sí quisiera al menos saber quienes son, y apartarles para siempre de nuestras Instituciones Públicas. Lo mismo me da si están enchufados en los consejos de administración de empresas públicas malvendidas a los amigos, o si ensucian hoy algún escaño en el Senado. No me importa en cual de lo tres poderes vegetan… no les quiero entre rejas, les quiero en la puta calle.

¿Por qué? Porque así como nadie come en el sitio donde defeca, no podemos esperar Democracia precisamente de aquellas personas en quienes reside la esencia de lo contrario.

Tenemos un problema: una preocupante proporción de miembros de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado está compuesta por delincuentes reincidentes. Cosa que además de provocar inseguridad en la ciudadanía, ensucia el buen nombre de sus instituciones y desprestigia a sus compañeros honrados. Iba a escribir ‘delincuentes comunes’ pero no, no es nada común delinquir amparado en una fuerza concebida para luchar contra el crimen. Es zafio, grotesco, vulgar, soez, vil… que un policía agreda a un inocente e indefenso ciudadano, es una falta de respeto a la civilización.

Es tan natural, que todo padre o madre saben bien de lo que hablo: las criaturas tienden a hacer todo lo que se les permita. Con la policía ocurre exactamente lo mismo, y puesto que nuestro sistema judicial padece de vergüenza sistémica, anclado en el pasado… y escorado a la ultra-estribor… nuestros ‘profesionales de las armas’, como si de niños se tratara, hacen todo cuanto se les permite. Es decir, todo.

Del mismo modo que para apagar un fuego se debe dirigir el extintor hacia la base de las llamas, para acabar con la impunidad, para concluir con esta burla al Estado de Derecho, es necesario introducir elementos de supervisión en la actuación del Poder Judicial y los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado. Esta supervisión no debe traducirse únicamente en aumentar el control político (jodiendo aún más la separación de poderes), no, no es eso, no es eso… lo que necesitamos es mayor transparencia, verificabilidad, luz, libertad de expresión, limitar —por ejemplo— los abusos en la práctica de declarar secretas aquellas actuaciones judiciales que producen vergüenza ajena.

Necesitamos policías mejor formados en criterios humanistas, con verdadero espíritu de servicio a los demás. Necesitamos más y mejores instrumentos de control de la función pública; mayor transparencia y participación de la ciudadanía en la Administración de Justicia.

La policía no merece tener en su seno a semejantes individuos. La judicatura no merece verse sometida a semejante descrédito intestino. La clase política no merece verse representada por individuos que ven obstáculos donde no debería haber más que propuestas ciudadanas a tratar con el debido respeto al juego democrático. La policía, la judicatura y la clase política deberían recuperar el Alto Honor que los ciudadanos esperamos de nuestras instituciones públicas.

Que nadie se confunda, no pretendo meter a todos en el mismo saco, “generalizar es malo” ¿recuerdan? Se muy bien que entre esos pocos seres deleznables, hay un buen número de buenos profesionales. Por eso mismo, por el respeto a esos policías, jueces y políticos honestos… por el mayor respeto que sin duda merece el común de la ciudadanía, ruego, por favor, hagan algo, porque estamos con la mierda al cuello.

Necesitamos que alguien vigile al vigilante.

De lo contrario, todo seguirá como en los últimos setenta años, habrá miedo, silencio, palizas, gritos, fábulas jurídicas, vergüenza ajena, temor, violencia, corporativismo, pruebas falsas, heridos, familias destrozadas… y ciudadanos que teman a sus gobernantes, en lugar de justo lo contrario.

¡Salud y Justicia!

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12 de mayo de 2007

“Internet, la última trinchera”

Tras entrevistar a Jordi Cortell, John Joseph Kenneth Bonham interroga hoy a Jaume d'Urgell, escritor y activista, para conocer su opinión acerca de las tendencias en la influencia política de la Red, el fenómeno blogger y la coyuntura política actual.


¿Cuál es el valor de Internet como informador, influenciador y movilizador?

Si los creadores de la Red hubieran imaginado las implicaciones sociológicas de su flamante juguete bélico, la existencia de Internet sería hoy un mito, una suerte de meme(1) marginal, un tabú… ciencia ficción de clase “B” y poco más. A lo sumo, formaría parte del discurso de algún genio aislado, de esos que están demasiado cuerdos como para resultar creíbles en su propia época(2).

Así como un escalador que evoluciona por el interior de una grieta vertical en un glaciar, a menudo la Humanidad se sirve de dos paredes para fijar los puntos de apoyo en su ascenso hacia mayores cotas de justicia social y bien común. Lo que a cierta distancia se nos podría antojar como un desplazamiento suave y continuo, en realidad se trata del resultado de una correlación de pequeños hitos: pese al rigor de los elementos, cada pie al avanzar nos enfrenta al reto de un nuevo escenario. A un lado se encuentra la gélida pared de la reflexión y el pensamiento crítico, y frente a ella, se yergue el muro de la tecnología: un paso, otro paso; un paso, otro paso… cinco pasos y asegurar la posición.

De igual modo, la historia del progreso humano se podría explicar mediante una secuencia de hitos. Hitos, que permiten trepar entre los dos muros de la figura antes expuesta. Hechos que suelen estar relacionados con la aparición de claros avances en nuestras habilidades comunicativas e intelectuales: la irrupción del lenguaje hablado, el cálculo, la escritura, la imprenta y el más reciente: la comunicación universal e instantánea: el hecho supremo, propiciador de la toma universal de conciencia colectiva.

Internet es por si solo un hecho tan grave que en adelante las fechas deberían graduarse en función del número de años transcurridos antes y después de su aparición. Nos hallamos en la Era del Conocimiento(3), lo que sin embargo no presupone que todo cuanto se nos permita saber deba ser cierto, beneficioso ni conveniente para el interés común.

La Utopía está lejos aún: llegados al momento actual de nuestra particular escalada, debemos admitir que se ha cometido el error de adelantar mucho más un pie que el otro… todo un brete para una empresa ya de por si harto difícil. En otras palabras: el ritmo de los escasos avances jurídicos, políticos y sociales de los últimos cuatro siglos no se corresponde con su equivalente en el mundo de la ciencia y la tecnología. Hemos alcanzado un formidable nivel de desarrollo en campos como la telemática, la neurocirugía o la arquitectura… y sin embargo, millones de seres humanos continúan asesinándose entre si, al dictado de autócratas, oligarcas, usureros, brujos y demás elementos de similar pelaje, que jamás exponen su propia integridad, y que con frecuencia terminan por reconciliarse con los de su clase, relegando la Memoria, al resguardo de su propia impunidad.

A menudo utilizamos la voz “Pueblo” para referirnos a una determinada comunidad nacional, cuando lo cierto es, que la primera acepción de “pueblo” la encontramos en una “Ciudad o villa”. La explicación cabe buscarla en algo tan básico como el ámbito comunicacional: el alcance máximo para la difusión de las ideas a través de la palabra, que usualmente coincidía con los límites de la aldea. Hoy, gracias a Internet, el alcance de las ideas es universal, inmediato, directo e interactivo. Y eso, a pesar de las restricciones tecnológicas, a pesar de la represión, la censura, la ignorancia y el filtro socioeconómico. La irrupción de la Red conduce inexorablemente a un nuevo significado para la palabra “Pueblo”: Internet ha provocado la coincidencia entre “Pueblo” y “Género Humano”.

La Red es un concepto internacionalista y emancipador, en el sentido más rojo de la expresión: hoy somos más conscientes de nuestra diversidad cultural y de lo incuestionable de nuestra igualdad de derechos.

Las redes de telecomunicaciones implican el acceso masivo, mundial e inmediato a todo tipo de noticias, ideas, ciencia, arte y debate. La tradicional influencia adversa ejercida por la estructura clases mediante la restricción del acceso a la cultura —que tanto daño hizo hasta la consolidación de la Era del Libro—, sigue hoy en activo, pero se ve forzada a actuar de un modo más sutil en la Red, en parte, debido una cuestión primordial: el desconocimiento del Medio. Sí, aunque parezca lo contrario, existen muy pocas personas que se hallen en condiciones de gestionar los flujos de comunicación en Internet, aportando unas mínimas garantías de éxito, y ese desconocimiento supone una situación de alto riesgo para la integridad del Orden Establecido, que por primera vez en Siglos, se siente casi en igualdad de condiciones con sus eternos contrincantes: la razón, el bienestar y la libertad, elementos básicos de la supervivencia digna del Género Humano.

A día de hoy, entre las elites dirigentes, Internet continúa siendo un medio hostil… despierta rechazo y desconfianza, un temor que provoca reacciones desmedidas, como los burdos intentos de censura previa, registro masivo de información o la aprobación de paquetes normativos claramente inconstitucionales(4). ¿La razón? El carácter indómito de la Red… ante la imposibilidad de limitar el pensamiento, la estrategia más habitual ha sido contener su difusión. Al viejo “Nada es, todo fluye”(5) cabría añadir hoy que “todo fluye muy deprisa, en todos los sentidos y hasta el último confín”. Al fin y al cabo, Internet quizá no sea tan salvaje… lo que sin duda sí es, es rápido, abierto y ubicuo, lo que, aplicado a la difusión del pensamiento crítico y la razón ilustrada, lo convierte en una poderosa arma, capaz de subvertir el orden establecido.

¿Cuántos blogs hablan de fútbol? ¿Cuántos tratan de la prensa rosa o la telebasura? ¿Cuántos blogs abordan las maravillas del ejército? ¿Cuántos blogs hablan de la lotería, ese impuesto para quienes no saben de matemáticas? ¿Qué porcentaje de blogs hablan de la Iglesia? ¿Cuántos blogs hablan bien de la monarquía? Alegrémonos: esta batalla la hemos ganado. Como podemos ver, buena parte de los tradicionales embustes masivos del Capital carecen de significado en la nueva forma que ha adoptado la mal llamada batalla de las ideas. Lo inocultable es ahora más evidente aún, y como consecuencia de ello, costosísimas mentiras como la religión futbolera, o la disección de la intimidad de personajes pseudos-famosos no tienen cabida en la Red, o su presencia es residual.

Internet obliga a poner en común, a debatir, a recibir opiniones ajenas… pronto la gente empezará a hacerse preguntas incómodas, acerca del significado y utilidad de las fronteras; la legitimidad de los flujos macroeconómicos; la idoneidad estratégica de los conflictos bélicos; el análisis del proceso de fijación de precios; la investigación del origen de la acumulación de riquezas, o a cuestionarse la representatividad de los ‘representantes’ no-electos.

Pero influir es una cosa y movilizar otra muy distinta. Toda idea, desde el momento de su concepción, influye sobre el comportamiento de cuantos que entran en contacto con la misma. Ahora bien, uno de los factores determinantes en la consolidación de los grandes movimientos ideológicos es su difusión, particularmente durante su fase primigenia: si una idea no se comunica, no existe.

Internet supone un avance revolucionario: al aportar un medio que hace posible la génesis de un sinnúmero de comunidades de intereses, foros de debate, paneles científicos, cátedras virtuales y demás formas de solidaridad intelectual (no necesariamente elitista), que reducen la posibilidad de una buena idea aparezca y desaparezca sin más.

Podemos afirmar sin miedo a equivocarnos, que tras la aparición de Internet, la Democracia carece de utilidad para los injustos, que se valdrán de cualquier medio puesto a su alcance con tal de desvirtuar, limitar o suprimir cualquiera de las dos cosas, conscientes de que, si llegan a perder esta baza, la Humanidad habrá dado un gran paso hacia la Utopía, entendida como el triunfo de la razón y el fin de lo arbitrario.


¿Qué papel le das al mundo blogger en ese ámbito?, y en esa línea ¿Cuál debe ser y cual no debe ser el papel y comportamiento de un blogger?

El fenómeno blogger desarrolla una posición primordial en la difusión de información y opinión independiente de los intereses del Orden Establecido, independencia ésta, que precisamente por su carácter libre, no tiene por qué adoptar siempre un papel crítico con el Sistema (máxime, considerando que muchas veces los propios bloggers forman parte del Sistema, o albergan secretas esperanzas de integrarse en él).

Quienes emplean su tiempo, medios y talento en la llevanza de una bitácora electrónica, son garantía de diversidad y pluralismo, satisfacen la necesidad de difundir lo local sin menoscabo de su carácter mundial, y, llegado el momento, contribuyen eficazmente a la propagación de ideas originales antes señalada; cumplen también con la labor de dar voz a sectores e individuos que de otro modo jamás alcanzarían la posibilidad de dirigirse a grandes audiencias, y merecen por ello la denominación de “creadores de opinión”, sobretodo cuando hablamos de blogs que diariamente atraen a decenas de miles de lectores individuales, como es el caso de los escritos por Ignacio Escolar, James Petras, Ricardo Galli, Carlos Rodríguez Braun, Noam Chomsky, Ricardo J. Royo-Villanueva, Eduardo Pérsico, Javier Ortiz, MaraudeR, Federico Jiménez Losantos, Carlos París, Carla Antonelli, Santiago Alba, Ignacio Ramonet, Carlo Frabetti, Pascual Serrano, Manuko, Rosa Regàs, César Calderón, Carlos Taibo, Fernando Jáuregui, Diego Cruz o Mariano Pujadas entre muchos otros.

En cuanto al papel que debe desempeñar un blogger, y más en concreto, acerca de lo que debe y no debe hacer un blogger, lo cierto es que no me siento con autoridad para sentenciar sobre el comportamiento de los demás, allá cada cual con la percepción de honestidad, coherencia y credibilidad que en cada momento desee ofrecer al público. Dicho esto, sí opino que como punto de partida, cabría asumir las normas éticas propias del periodismo: todo eso de la independencia, diversidad de opinión, veracidad, contraste y equilibrio, honestidad, interés público, respeto, responsabilidad, diferenciar opinión de información, etc.

Muchos ignoran —desconocen por indiferencia— el cometido de los blogger ante la sociedad, y más en concreto, el cometido de los blogger políticos. Llegados a este punto, me gustaría proponer una reflexión que sirva para definir por ausencia: imaginemos lo que ocurriría en un país con el grado de concentración mediática de España, si solo pudiéramos beber de las fuentes de información pertenecientes a los grandes grupos político-empresariales. Imaginemos que el universo informativo se redujera a las cabeceras de Admira, Ente Público, Forta, Godó, March, Murdoch, Mediaset, Prisa, Recoletos, Vocento y Zeta… el silencio crea impunidad, facilita el pensamiento único y subvierte la esencia de la democracia. Por eso es tan importante el fenómeno blogger, porque su atomización y pluralismo, imposibilitan el sometimiento a un mando único. Esa es la principal función de los bloggers: pensar en voz alta, escribir lo que piensan y publicar lo que escriben.


¿Cómo interrelacionan el activismo político, social, de colectivos, etc. del que eres extenuante demostrador —a tenor de tu agenda—, y el ciberactivismo en la Red?

Ambas facetas son el resultado de una única línea acción política, una estrategia orientada a extraer todo el jugo a los vínculos entre la Red y “el mundo real”, un binomio inseparable… producto, causa y efecto de nuestra época. Si nos halláramos a finales del S. XVIII, la actividad de agitación intelectual se circunscribiría a ciertas esferas académicas, alguna tertulia a media voz, algún claustro inquieto y los trabajos en el taller; la obra impresa sería de muy difícil acceso y otras fórmulas de divulgación estarían sometidas a una reacción atroz. A mediados del S. XX, lo adecuado habría sido hacer un buen uso del sector editorial, combinando el libro y los periódicos con una intensa actividad oratoria… pero el hecho es que nos encontramos en 2007. Lo que quiero decir es que en cada época el activismo debe hacer uso de los medios puestos a su disposición —la Iglesia lo hace, y llevan más en esto—.

La Red tiene sus ventajas y sus inconvenientes, como suele ocurrir con todo. Entre sus principales ventajas están las ya señaladas de la universalidad geográfica (que no de alcance social), la inmediatez, la capacidad de respuesta, la concentración de audiencias y grupos de interés, unos costes de acceso relativamente asequibles (en España)… permite compartir, consensuar, descubrir, documentar. Y como factores negativos están la total ausencia de anonimato, la excesiva distancia que muchas veces acusa respecto al “mundo real”, el hecho de que propicie la aparición de guetos de “activistas de salón” —que aunque suelen ser muy criticados, también tienen su papel—, la falta de credibilidad —por aquello del “todos mienten”—.

La Red es un instrumento muy útil para informar y poner en contacto a militantes de toda índole, es también una buena fuente de información, tan abundante que a menudo el trabajo del “cibersaber” se basa en desgranar lo cierto y fundamental, de lo falso y accesorio, el grano de la paja. Y si el activismo vía Internet tiene sus riesgos, uno de los más importantes es la distorsión de la realidad que muchas veces provoca el propio medio, es decir, ocasionalmente, una alta concentración de muy pocos opinadores puede llevarnos a extraer conclusiones erróneas, parciales o precipitadas sobre el verdadero estado de una determinada situación, a pie de calle, fuera, en la realidad.

La experiencia dice que —si uno puede— debemos permanecer en contacto con la gente, en los partidos y sindicatos, en las aulas, ateneos y bibliotecas, en las protestas, en el cine y el teatro y la literatura, en tertulias y conferencias, en los periódicos… de lo contrario, corremos el riesgo de no saber lo que realmente ocurre a nuestro alrededor.

Hay también un punto de honestidad en el hecho de complementar la actividad virtual con la real: todos hemos oído comentarios acerca de personas que hablan o escriben cosas maravillosas, pero que más tarde no muestran coherencia entre su discurso y su modo de actuar. Bien, mientras el cuerpo aguante —tengo 33 años—, estaré donde sea preciso. Tiempo habrá para el reposo.


¿Cuál es tu motivación actual, y en tus inicios, para ser un activista?

Todo el mundo tiene planes, desconfiad de quien no los tenga, o no se atreva a confesarlos —y no me refiero únicamente a planes personales, que también—. Como es sabido, en estos momentos vengo colaborando en diversos medios de contrainformación alternativa, soy el responsable de la recuperación de la Agrupación de Retórica y Elocuencia en el Ateneo de Madrid (prohibida en 1939 por mandato de los hombres-de-paja designados por el gobierno rebelde para controlar la Docta Casa), vengo colaborando puntualmente en movimientos sociales anti-represivos, pacifistas y de defensa de los derechos de colectivos discriminados por causa de su identidad u orientación sexual, y —como proyecto más importante—, soy uno de los promotores de un nuevo partido político.

Respondiendo a tu pregunta: mi motivación no ha cambiado, lo que ha experimentado alguna variación es mi confianza en determinados instrumentos que con el tiempo se han demostrado ineficaces. Yendo a lo básico, el objetivo sigue siendo la persecución de la justicia social y la búsqueda de la felicidad. ¿Pueril? Puede ser. ¿Utópico? Paso a paso. ¿Pragmático? No demasiado. ¿Por cualquier medio? No es eso, no es eso(6). ¿Reformista? Rupturista demócrata. ¿Constitucionalista? No, demócrata he dicho. ¿De izquierdas? ¡Rojo!


¿Dónde estriba este “hedonismo” social algo nihilista, citando a Zizek, que nos satura a algunos frente a otros, como tú, que muestran una hiperactividad casi lindando con el doping deportivo?

Hay quien lo ha descrito de un modo más brusco. Cada uno sabrá lo que dice, por cuánto lo dice, a quien responde y por qué lo hace. ¿Qué más decir? La respuesta está en el tiempo. Vuelva Ud. mañana, cuando despierten los demás, o la fragilidad del orden social termine imponerse a cada uno de los yo que a todos se nos niega. ¿Demasiado yo? ¡Ven tú! ¡Ancha es Castilla!

En cuando al ajetreo abanderado… diré que no hay rebeldes sin causa: falsimedia se ha propuesto ocultar toda manifestación crítica con el marco para-constitucional vigente; silenció la manifestación republicana del 6 de diciembre de 2005, ninguneó también las del 22 de abril, 20 de noviembre y 6 de diciembre de 2006, y lo mismo ha hecho con la última, del 14 de abril de este año. Desde mi punto de vista, este silencio intencionado nos faculta para tricolorear y republicanizar cualquier manifestación que tenga lugar en adelante, incluyendo las que no confiesen su afinidad por ninguna opción partidista. Quizá resulte molesto, pero desde luego, no pensamos renunciar a la legítima y pacífica reivindicación de una nueva etapa de normalidad democrática. No es una amenaza, es información: en adelante, allí donde se realice una manifestación, donde exista un acto público, habrá siempre una tricolor, chafándoles los mejores planos a los editores y realizadores de turno.

¿Qué por qué yo, preguntas? Mi respuesta es: ¿y por qué no tú también? Cuantos más, mejor. Todo el mundo es necesario, no hace falta invitación. Basta con detenerse a observar y pensar con independencia, para darse cuenta que algo grave no funciona y que juntos, debemos y podemos cambiar las cosas.


Escribes, tanto como escritor como periodista, en diferentes idiomas, envidia amarilla en el que esto escribe: ¿Cuál es el papel del español, el catalán, etc. en este mundo de los blogs, periodismo y literatura en Internet?, ¿Qué nuevos proyectos tienes en estos campos?

Por razones familiares, tengo como propias el catalán y el castellano, algo habitual en la actualidad. Concibo el idioma como un instrumento para la comunicación, un prodigio de fuerza y versatilidad, capaz de compartir ideas, mostrar firmeza, crear arte… e incluso mezclas de las tres cosas a la vez.

No puedo hablar de idioma sin señalar que nacionalismo e internacionalismo no son conceptos antagónicos: reconocer los derechos políticos del individuo, implica reconocer también los derechos de la comunidad en la que está inserto. Por eso, Catalunya merece el más escrupuloso respeto a su lengua y a demás rasgos de identidad cultural, maltratados durante la primera etapa del franquismo (1936-1978). Recuperar el daño producido por casi cuatro décadas de prohibición, supone un esfuerzo merecedor de un respeto que hoy le niegan los herederos políticos de aquellos que otrora prohibieran su uso.

Me gustaría decir que escribo indistintamente en catalán y en castellano, pero no es así: con el transcurrir de los años el vocabulario se resiente, la espontaneidad desaparece, y al escribir es cada vez más difícil dar con ese sinónimo sobre el que no tienes dudas ortográficas. Por no hablar del estilo. Con todo, me atrevo, y de vez en cuando, armado con traductores automáticos, diccionarios y molestando a más de un amigo, intento seguir sacando no menos de un artículo al mes en catalán… y a veces incluso “se cae algún verso”, de cojo (risas).

Internet juega también aquí un importante papel, puesto que para muchos catalanes en la diáspora la existencia de la Red representa un vínculo con nuestra lengua, al menos en su forma escrita. Y cobra especial interés para quienes aprendimos a leer y escribir en casa, al no estar permitida aún la enseñanza de nuestra propia lengua en las escuelas.

En cuanto a los proyectos… como sabrás, hace un año, con ocasión del 75.º aniversario de la proclamación de la Segunda República, participé en la fundación de un periódico digital, pero en estos momentos apenas mantengo relación con dicho medio; todavía formo parte de su Consejo de Administración, pero sin capacidad ejecutiva para intervenir en la definición de su estrategia editorial. Y ya que hablamos del sector editorial, te adelanto que tengo entre manos un nuevo proyecto —como no—, pero no se trata de una publicación periódica, sino de una obra de ensayo… eso, además de las decenas de textos que solemos tener abiertos la mayoría de colegas que comparten profesión, con puntuales excepciones.


¿Cuál es el papel del intelectual en la sociedad frente al “idiotés” generalizado y generalizante?

Estimo arriesgado establecer una separación tan nítida entre la intelectualidad y todo lo demás, precisamente porque generalizar es malo. En la cabeza del más precario de los indigentes puede habitar la semilla de una nueva escuela de pensamiento. Y viceversa: el más laureado de los filósofos puede terminar prostituyendo su razón al calor de la ambición personal o la conveniencia política de vaya usted a saber qué intereses. No voy a decir a quienes tengo en mente, pero seguro que a todos se nos ocurre al menos uno.

La ilustración no puede ser patrimonio exclusivo de los ilustrados, al contrario, todos somos responsables de llamar a la participación, de involucrar cada vez a sectores más amplios de la población en el ejercicio del debate permanente, la duda como estilo de vida, el hábito del consumo de información como combustible para incentivar la opinión individual: el criterio, la decisión consciente.

Quizá suene hiriente, pero lo cierto es que cada vez resulta más habitual observar cómo las masas ingieren grandes cantidades de ideas pre-cocinadas sin prestar la menor atención las más elementales normas de higiene intelectual. Ante eso, el papel de los medios de comunicación no permite albergar excesivas esperanzas: se diría que a alguien no le conviene que la gente extraiga sus propias conclusiones, nos encontramos en el apogeo del viejo “Panem et circenses”,(7) la constatación de la permanente actualidad de una frase que solo la Revolución Francesa podía alumbrar: “Si los pobres empiezan a razonar, todo estará perdido”(8).

A mi modo de ver, la ignorancia es el ingrediente fundamental de un veneno llamado tiranía; un veneno que sigue causando estragos, pese al tiempo transcurrido desde el descubrimiento de su antídoto y vacuna: razón y comunicación. Y si algo caracteriza precisamente a la Red, es su propiedad catalizadora de ambos elementos —razón y comunicación—, combinándolos una y mil veces, desarrollando sinergias de una entidad inabarcable a la imaginación. Por eso, desde un punto de vista social y político, en la larga historia de las luchas sociales, Internet es la última trinchera, algo así como la Arcadia del S. XXI (y no precisamente en el sentido que al rey Juan Carlos(9) le gustaría).


¿Cual es el papel político de Internet tanto ahora como en el futuro?

Hablar un fenómeno tan complejo como Internet y sus efectos sobre la política, exige necesariamente recurrir a un alto nivel de abstracción, dado que una respuesta pormenorizada rebasaría el ámbito de este formato.

“Así por encima”, al decir de los tecnócratas de la comunicación publicitaria, Internet es solo un medio más, como la prensa impresa, la radio o la televisión. Internet es, en efecto, un medio que incorpora una serie de elementos nuevos, elementos cuya utilidad no suelen tomar en consideración aquellos que solo ven los medios como meros soportes publicitarios. Me refiero a quienes acostumbran a medir la comunicación en términos de rentabilidad económica, y no como un instrumento emancipador

Como he dicho antes, el papel de la Red en la conformación de la opinión política es crucial, no solo por el progresivo aumento de su audiencia, sino antes bien, por un rasgo que se tiende a omitir: la comunicación interactiva. Internet invita a la participación de todos, permite el seguimiento, el intercambio de experiencias, la difusión ilimitada, el fenómeno de la puesta en común, la democratización universal del pensamiento crítico.

¿Qué tiene que ver Internet con todo eso? Muy fácil: lo ilícito requiere silencio, y la Red es el altavoz perfecto; y no hablo solo de la proliferación de noticias no-sujetas al control previo, ni del periodismo ciudadano o los reportajes de investigación… me refiero a algo de mayor: hablo de una creciente proporción de ciudadanos que se darán cuenta de lo que hay, de personas que podrán comparar las enormes diferencias sociales existentes… hablo de poner al descubierto la criminalidad sistémica que inunda todo lo público, desde siempre y en todas partes. De ahí la importancia de las comunicaciones telemáticas, la necesidad de luchar por cada milímetro de libertad de expresión que traten de arrebatarnos. Ese es el verdadero papel de la Red: crear mentes informadas, despertar el gusto por la duda, proporcionar espacios de reflexión, establecer vínculos que aumenten la eficiencia de las organizaciones reivindicativas, estimular la democracia directa, aumentar la transparencia en la gestión de los poderes públicos, involucrar a los ciudadanos en la toma de decisiones… dificultar la existencia de lo inexplicable.


En el terreno político ¿Cuáles son tus impresiones de la política de esta piel de toro? ¿Cuál es la evolución ideológica de las izquierdas, donde te ubicas, y de las derechas y pensamiento liberal?

España no va bien. No se trata de una crítica al gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero… es más bien una crítica a los gobiernos del PPÓE, no hay que ser ningún experto en el análisis político para darse cuenta de que la precariedad laboral roza con la esclavitud; que los precios crecen desbocados —particularmente en algo tan delicado como el coste de la vivienda—; que la privatización de lo común está a la orden del día; que no hay, no existe ninguna separación de poderes; que en los documentos oficiales del sistema tributario aparece el nombre de una secta destructiva; que la clase política se ha convertido en un estrato superior que nada tiene que ver con aquellos a quienes pretende representar; que el grado de impunidad es tan vergonzoso que hasta los miembros de los cuerpos de policía municipal de localidades de 5.000 habitantes se sienten seguros al torturar, fabricar pruebas y manipular la realidad, dando por hecha la aquiescencia de un estamento judicial mayoritariamente paranazi… no hay que ser ningún lumbreras para saber que aquí se cierran periódicos, partidos, emisoras de radio y televisión; que tenemos leyes que permiten clausurar sitios web sin intervención judicial; que los servicios secretos están controlados por un único juez —designado por un directorio político—; que nuestro sistema electoral es tan justo como la ley de financiación de los partidos políticos; que no existe ni el más mínimo respeto de los poderes públicos hacia el medio natural; que ser un político honesto es motivo de mofa; que se manipula el odio y la ignorancia popular para enfrentar a la ciudadanía en conflictos ficticios y estériles, con la esperanza de evitar que la opinión pública fije su atención en asuntos pertinentes pero contrarios a los intereses particulares de la élite política, económica, militar, mediática y religiosa.

¿Qué como está España? España es una mierda. Y no es una injuria, es una descripción: España es un auténtico estercolero, pero no por sus ciudadanos, sino por casi todo lo demás, empezando por la situación increíble de mantener a un militar medieval, vitalicio y hereditario, cómplice de al menos un dictador, en la cúspide de nuestras administraciones públicas. Un verdadero escándalo cotidiano, un anacronismo histórico. Por eso, y por una pseudoconstitución otorgada en 1978 de la clase militar a la clase política, un texto que mantiene artículos aberrantes como el octavo, que supone de facto, que el Ejército de España no es realmente el Ejército de España, sino una organización terrorista que desde hace siete décadas ininterrumpidas mantiene secuestrados a todos los españoles. España no es una cárcel, es más bien un zulo, o mejor aún: un gran campo de trabajos forzados.

Y a propósito de la evolución ideológica de las izquierdas… qué voy a decir, “la ideología bien, oiga; ahora, si me hace Ud. el favor, déme media docena de políticos honestos para llevarla a cabo”. El principal problema de la izquierda en España es que no tiene representación en el arco parlamentario. No se trata de cuestionar a los partidos… a mi el Partido Socialista Obrero Español me parece un buen partido, e Izquierda Unida mucho mejor… el problema no son las ideas, el problema son las personas —no todas, claro, generalizar es malo, pero sí la mayoría—, y es comprensible: tantos años recibiendo saludos insinceros, tanto despachito, tanto coche oficial y tanta tontería, al final se termina por olvidar lo que de verdad importa: la situación del más desafortunado de los obreros.

No habrá escaños para representantes honestos hasta que no nos atrevamos a emprender cambios de raíz en la estructura y el funcionamiento de los poderes públicos: ¡tiranos fuera!, sometimiento absoluto de lo militar a lo civil, separación de poderes efectiva, laicismo integral, circunscripción única para la elección de la Cámara Baja —y también para la del jefe de Estado, separada, por supuesto—, revocabilidad del mandato electoral, limitar la capacidad de endeudamiento presupuestario a la vigencia del mandato para el que se ha obtenido el favor electoral, criminalizar la usura, nacionalizar los sectores-clave de la economía, incluyendo la banca y el 100% de los servicios públicos y por último, pero no por ello menos importante: desamortizar la titularidad de los bienes de la Iglesia Católica.

En cuanto a la derecha… hay que civilizarla, si se me permite la expresión. En España seguimos teniendo una de las derechas más ultra-conservadoras y cavernícolas del planeta. Es lógico que traten de defender aquello que tanto esfuerzo les ha costado robar, pero hay que convencerles para que acepten al menos tres cosas muy sencillas: el Método Científico(10), la primera Ley de la Termodinámica(11) y la Declaración Universal de los Derechos Humanos(12). Por mi parte, con eso me conformaría. En serio: hay personas válidas en los partidos conservadores, personas con una particular concepción ideológica sobre la organización económica de la sociedad, pero que aún así, son gente con la que se puede —y se debe— razonar, al menos para intentar encontrar soluciones a los problemas más acuciantes, a través del diálogo y la negociación. Y es nuestra responsabilidad, nuestro compromiso, ayudar a esa “derecha civilizada” para que asuma el papel que le corresponde en el panorama político español.

No son solo palabras: hay que tender sinceros puentes de diálogo con ciertos sectores tradicionalmente vinculados al liberalismo y los nacionalistas conservadores. Sin miedo, en serio, uno no es menos marxista por el mero hecho de hablar con un cacique de provincias. Si nosotros —la gente de izquierdas— no damos nuestro brazo a torcer, si nos mantenemos en nuestras trece… ¿con qué autoridad moral tildaremos después de inflexibles a quienes tenemos enfrente?

Sin duda, hay muchas formas de verlo, pero lo cierto es que para quebrar este bucle infinito, esta representación teatral bipartidista y paramilitar, debemos unir valor e inteligencia, altura de miras y sentido de Estado, perspectiva histórica… y honestidad personal.

Tengo muchas esperanzas puestas en la anunciada refundación que prepara Izquierda Unida, seremos muchos quienes nos mantendremos atentos al desarrollo de la misma, no sin ocultar de todos modos, que tras tantos años de inercia será muy difícil vencer al escepticismo. Pero la izquierda no empieza ni termina con Izquierda Unida… por su parte, el Partido Comunista de los Pueblos de España está asumiendo un papel cada vez más significativo, erigiéndose a grandes pasos en una fuerza a tener en cuenta. Y también hay izquierda fuera de los partidos, movimientos obreros como Corriente Roja ejercen una influencia cada vez más palpable, basta con asomarse a la calle: están ahí, luchando por todos, a pesar de algunos.

En resumen, a mi modo de ver, los dos objetivos estratégicos más importantes a medio plazo son: la unión del anticapitalismo —unión sin fusión, acción masiva y plural, al estilo del Frente Popular(13)—; y alcanzar a un acuerdo de mínimos entre los republicanos de cualquier ideología.


¿Es Internet la solución al capitalismo como dice Negri, o es imposible luchar contra una globalización de la que hasta ahora solo hemos conocido “el lado oscuro”?

Con Negri ocurre como con Marx: es necesario escrutar más allá de los titulares. ¿Quién no ha leído sobre Marx? ¿Cuántos hemos leído “El Capital”? ¿Cuántos se han ocupado de hacer algo más que “leerlo”? Para conocer la obra de Negri hay que leer a Negri, no hay atajos, ni resúmenes, ni artículos que valgan.

Negri, prolífico y profético, ya apuntó en textos como “La forma Estado”(14) lo que más tarde la realidad se encargaría de demostrar con la eclosión del fenómeno Internet. Lo que naciera como una teoría más acerca del proceso de producción interestatal, con el tiempo ha devenido en un teorema comprobado y comprobable: nos encontramos ante la incuestionable existencia de un Imperio amorfo y ubicuo. Sobretodo en los últimos tres años, las referencias de Negri a la Red van encaminadas precisamente a tratar de identificar y poner de manifiesto las relaciones entre las nuevas estructuras de poder que aparecen como consecuencia o al amparo del Imperio. Ciertamente, Internet puede ser una solución al capitalismo, pero es también el factor necesario para dar una respuesta a las ingentes necesidades logísticas exigidas por la existencia de un mando discreto, difuso y descentralizado.

Insisto: no leáis sobre Negri, leed a Negri.

Las relaciones entre la mundialización y la Red son evidentes, y hasta la fecha, sus efectos también. Si nada coarta la actual tendencia a la acumulación de poder, hay quien apuesta por una redefinición de la concepción clásica del modelo del libre mercado, algunos apuntan a estructuras mixtas y otros más agoreros amenazan con la cercanía de conflictos todavía inéditos, como la posibilidad de que una corporación internacional (papel que hoy podría desempeñar “The Coca-Cola™ corporation”, como en su día lo hicieran “Los Estados Pontificios”) ataque directamente a un Estado soberano, accediendo así a los privilegios inherentes a la territorialidad —elección de la forma de Estado, población, ejército, alianzas, multilateralismo, geoestrategia, etc.— y pasando a ser un actor más en la Comunidad Internacional.

Cosas parecidas pudieron leerse en el quinquenio siguiente a la invención de la telefonía… por el momento, yo prefiero esperar y ver como evolucionan las cosas. Lo cierto es que llevamos más de medio siglo con una Declaración Universal de los Derechos Humanos que a nadie le interesa cumplir, que las diferencias Norte-Sur no paran de incrementarse y que la guerra, el miedo y la explotación siguen siendo los instrumentos preferidos por los poderosos a la hora de intentar saciar su ilimitada sed de más.


¿Cuál es el futuro de los medios de comunicación en este escenario tecnológico, ideológico, filosófico y social en el que vivimos?

Los medios de comunicación son sagrados, sensu stricto. El papel que antaño desempeñara la Iglesia hoy se ha repartido entre el fútbol, las series televisivas de ciencia ficción (apartado que incluye a los Servicios Informativos y a la mayor parte de la prensa escrita), los espectáculos de telerealidad y el insultante telecotilleo.

Desde que los injustos decidieron “jugar a la democracia”, dominar la opinión pública ha ido cobrando un creciente interés, y para ello el mejor medio son los medios —curiosa redundancia, quizá hayamos dado con su verdadera etimología—. Margaret Thatcher(15) declaró una vez que “Para qué iba el Estado a alimentar a los pobres, si luego no salía por televisión”. Esta es una de las reglas cardinales de la comunicación de masas: importa tanto lo que se comunica como aquello de lo que se decide no decir ni pío. Es más, el grado de prohibición de un determinado concepto político es el mejor indicativo de su inconfesable relevancia.

Por ejemplo: nunca oiremos hablar de la República en televisión, y cuando lo hagamos será únicamente con la finalidad de evitar un mayor impacto informativo como consecuencia de tan clamorosa ocultación. Entonces, al hacer la más mínima alusión, jamás será desde el rigor, y menos aún para intervenir en su defensa. Por supuesto, la idea de la República no es la única clasificada como tabú. ¿Alguna vez has presenciado un debate serio sobre Engels(16) en televisión? ¿Y sobre la persona o la obra de Andreu Nin(17) ? ¿Te imaginas a Arnaldo Otegi(18) exponiendo en Radio Televisión Española los detalles de una propuesta de pacificación para el País Vasco? ¿O un debate radiofónico en el que académicos, operadores de suelo, obreros, agentes inmobiliarios, políticos y estudiantes intercambien opiniones sobre el precio de la vivienda? ¿Te imaginas una tertulia televisada para conversar sobre la aprobación de los presupuestos generales del Estado? ¿O un suplemento especial de El País en el que aparezcan todos los cargos públicos de libre designación, en el que se detallen sus funciones, horario, objetivos y situación patrimonial?

Es imposible desear lo que no se conoce, por eso no quieren que sepamos nada, en la esperanza ilusa de que nos resignemos a llegar a casa de noche, comer algo rápido, poner la tele a ver “qué echan”, comprobar si los niños duermen y al sobre, a echar quizá un mal polvo y a dormir… que mañana madrugan. Aunque a veces cueste pegar ojo, con esa pareja con la que ya no hay magia, pero sin cuyo sueldo papá Botín se llevaría hasta las Pladur® que pusiste con lo que no llegó para ese viaje a… ¡Qué más da! otros no tienen ni eso —piensas—, y ¡Oh! El maldito despertador otra vez.

Los medios de comunicación son algo demasiado grande, importante y viejo como para que su estúpido comportamiento actual sea producto de la casualidad. Y por favor, no le echemos la culpa a la ciudadanía… si la audiencia piden mierda no es porque el obrero medio sea un bruto de mucho cuidado, sino porque los ministros de educación y ciencia, y de cultura de los últimos veinte años deberían ser encarcelados.

El arte de gestionar adecuadamente la presión y el control mediático de la opinión pública es una parte irrenunciable del poder. Así las cosas, la tendencia es a empeorar: a refinar su eficacia, a insultarnos más a todos, a politizar los contenidos y a seguir decidiendo qué debe y qué no debe aparecer.

La respuesta está en la proliferación de los medios de contrainformación, en las bitácoras personales, en las experiencias como TeleSur, Rebelión, InSurGente, Kaos en la Red, La Haine, ViejoBlues, Nodo50, Tercera Información, LibreXpresión, VientoSur, Diagonal, y por supuesto: la red de centros de medios independientes, Indymedia. Sobre todos ellos recae un papel muy, muy importante: constituyen una auténtica esperanza para la libertad de expresión, para el pluralismo político y para asegurar la continuidad y la existencia misma de la razón crítica. Por eso es imprescindible que, respetando su independencia y diversidad, exista una fraterna cooperación, solidaridad y compromiso.

Se trata de organizaciones humanas, ergo deberemos ser pacientes, habituarnos a coexistir con cierto grado de infiltración, asumir y superar errores, reorientar nuestros objetivos tácticos y estratégicos tantas veces como sea preciso, y por encima de todo: ser constantes e insobornables. Todo un desafío.


¿Cuál es tu pensamiento sobre la evolución del mundo web 2.0, las redes sociales y la creación de utopías, por ejemplo Second Life™, que a la postre son como decía Thomas Moore —existen desigualdades—, esclavos y abusos?

El fenómeno de la Web 2.0, es algo tan sencillo y de tan hondo calado, como aplicar principios democráticos a la clasificación de fuentes de información (en un caso-tipo, Vg.: Menéame(19), los usuarios pueden proponer noticias candidatas al interés público, y al mismo tiempo, ejercer el derecho a mostrar su opinión respecto al grado de interés que despiertan las noticias propuestas por otros usuarios, obteniéndose como resultado una relación permanentemente actualizada de las noticias más interesantes a juicio de la mayoría).

Pero atención, no todo es lo que parece. Menéame®, al igual que Digg™ y tantos otros, pese a estar desarrollados en base a principios democráticos y presumiblemente con la mejor de las intenciones, distan mucho de ser la panacea. Cualquiera que invierta algunas horas para comprender bien los entresijos de su funcionamiento, advertirá cómo se reproducen una serie de comportamientos-tipo, que desvirtúan el pretendido carácter democrático de estos programas.

Aún así, la importancia del hecho de introducir modelos de comportamiento democrático en la gestión de la información que circula por la Red es incuestionable. Tanto como idea-básica a partir de la cual llevar a cabo todo tipo de desarrollos particulares (en foros, blogs, periódicos, centros de medios, información de mercados, centralización de convocatorias, procesos legislativos, programas de gobierno, etc.), y no solo en resúmenes de prensa, como hasta ahora. Todo lo destinado a aumentar la participación de los usuarios e involucrarles mediante vías democráticas en el tratamiento informativo de la actualidad, es beneficioso para aumentar la calidad y la diversidad de los contenidos.

Y otra cosa: no me gusta el Second Life™, hoy por hoy, lo veo como un entretenimiento legítimo pero enajenante (al estilo de la Iglesia Católica, el LSD(20), o el fútbol). El valor de Second Life™ reside en el número de usuarios que apuestan por él y en lo que cada uno de la mayoría puede llegar a aparentar, puesto que son muy pocos quienes deciden malograr deliberadamente la esencia del juego replicando su identidad real en la ficción. Por lo demás, ¿pagar por un terreno virtual? Me recuerda a una noticia aparecida a finales de 1998, sobre la detención de un supuesto notario que se dedicaba a la venta de parcelas en la Luna. Eso, por no hablar de lo injusto de un sistema de precios que no respeta las diferencias de poder adquisitivo entre los clientes potenciales, en función de la renta per cápita de su país de procedencia.

Francamente, me importa poco si a mi muñeco le explotan o pasa hambre, lo que de verdad me interesa es saber si voy a poder pagar los libros de texto de mi hijo, o éste dispondrá de algún techo bajo el cual guardarlos cuando no se los lleve a la escuela pública, gratuita, laica y de calidad. Y no es que las utopías sean imperfectas… es que estamos tan acostumbrados a la resignación, que la gente ya llama Utopía a cualquier cosa.


¿A que dedicas el tiempo libre, puede que tiempo libre y Jaume d’Urgell sea como inteligencia y militar o monarquía y razón, términos contrapuestos, pero aún así me atrevo?, me refiero además de los deportes de “alpinismo de edificio público”, y “halterofilia de estandartes” como he podido observar en fotos “deportivas” tuyas.

La verdad es que me organizo muy mal, me cuesta decir que no y como siempre pasa en estas cosas, al final quien termina por sufrir éste y otros muchos defectos es mi esposo, el pobre, que cualquier día me pondrá la maleta en el rellano. El poco tiempo libre del que dispongo lo ocupo en ir al cine, al Ateneo de Madrid y de vez en cuando, tomar algo con los amigos —yo no conduzco, Sr. Aznar—.

Tiempo libre y Jaume d’Urgell son antónimos naturales, sí. Es como si tuviera miedo de malgastar la vida: duermo poco y me mantengo ocupado todo el día. Acostumbro a leer al mismo tiempo que como y hablo, a tener una llamada en espera, a responder al correo en un rápido ALT+Tab en plena redacción —así salen después las cosas—, y bueno… ese soy yo. Tonto pero feliz, en la medida de mis posibilidades.


¿Lees otros blogs, periódicos, revistas en Internet, etc? ¿Cuáles?

Tengo la Kaos en la Red configurado como página de inicio de mi navegador, y además invito a los demás a hacer lo propio, entre otras cosas porque en la misma página están los enlaces a Rebelión, La Haine, Diagonal, Nodo50, InSurGente y VientoSur —soy muy “perro”, y tiendo a lo fácil, y si encima resulta que lo fácil y lo útil coinciden: miel sobre hojuelas—. Además también leo Gara y estoy atento a los IMC de Madrid y Barcelona.

En cuanto a blogs y artículos, acostumbro a no perderme ninguno de los de Nacho Escolar, Mariano Pujadas, Pascual Serrano, James Petras y Carlos Taibo. Pero a parte de los autores consagrados, leo esporádicamente a otros muchos, imagino que como cualquiera, me suelo dejar llevar por los titulares.

En el apartado de foros, soy un lector habitual de Rash Madrid, Los Genoveses, Punto-Rojo y Cadena Peco. Hojeo alguno que otro más, y cada vez que “pongo un huevo”, es decir: cuando escribo un artículo, lo posteo en todos ellos (en casi una veintena de foros).

En cuanto a los grandes medios… en Google News echo un vistazo a los resúmenes de prensa de El País, El Mundo, el ABC y alguna vez, incluso dedico un rato para el humor (La Razón y Libertad Digital). ■


__________
(1) Richard Dawkins (Nairobi, 1941-), “El gen egoísta”, 1976.
(2) James Joyce (Dublín, 1882-1941), cuartillas previas a “Dublineses”, 1913.
(3) María Luz Martiarena, “Los sistemas, las regiones y los esquemas de poder”, 2003.
(4) Ley 34/2002, de 11 de julio, de servicios de la Sociedad de la Información y comercio electrónico (LSSICE).
(5) Heráclito (Éfeso, V a. C.).
(6) José Ortega y Gasset (Madrid, 1883-1955), conferencia del Cinema de la Ópera, 6 de diciembre de 1931.
(7) Juvenal (Roma, I de C.).
(8) François Marie Arouet, Voltaire (París, 1694-1778).
(9) Juan Carlos Borbón (Roma, 1938-).
(10) Conjunto de pasos preestablecidos con el fin de alcanzar conocimientos válidos mediante instrumentos confiables.
(11) La energía no se crea ni se destruye sólo se transforma.
(12) Proclamada el 10 de diciembre de 1948. Disponible en la dirección: http://www.un.org/spanish/aboutun/hrights.htm
(13) Coalición de partidos antifascista en la década de 1930: radicales, republicanos, socialistas y comunistas.
(14) La forma Estado. Para la crítica de la economía política de la administración (1978).
(15) Margaret Hilda Roberts (Grantham, 1925-) aristócrata y ex primera ministra británica.
(16) Friedrich Engels (Wuppertal, 1820 - Londres, 1895), político, filósofo y revolucionario.
(17) Andreu Nin i Pérez (El Vendrell, 1892 – Alcalá de Henares, 1937), político y revolucionario.
(18) Arnaldo Otegi Mondragón (Elgoibar, 1958-), político vasco, portavoz de Batasuna.
(19) Ricardo A. Galli, meneame.net, 2005.
(20) Substancia psicotrópica: dietilamida de ácido lisérgico, formulación: C15H15N2CON(C2H5)2.


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1 de mayo de 2007

Un obrero, un voto

Llamamiento a vencer al desaliento. Una invitación al voto responsable, razonado, consciente de su clase. Una llamada al elector vigilante, a quienes reclaman coherencia. Un exhorto a todos los obreros, porque votar no excluye todo lo demás. Pese al sistema electoral, pese al déficit democrático, pese a la precariedad… o precisamente por todo eso: acudamos a votar.

Las cosas no van bien: nuestras Cámaras Legislativas se han convertido en una especie circo de bestias salvajes; casi todos los que están en política a cambio de sueldo, apestan; el nivel de calidad y madurez de nuestra ‘democracia’ es parecido al de cualquier dictadura; no hay garantías procesales; los índices de corrupción, tráfico de influencias e información privilegiada tienden al infinito; los perros andan sueltos y sin bozal, y no solo muerden… también inventan pruebas y golpean a detenidos; la prensa se ha convertido en un fármaco social que atonta, silencia y atenúa los síntomas de los pacientes de rebeldía, sí, los medios han asumido el papel que hasta hace poco desempeñaba esa secta destructiva de Roma; no está permitido robar bancos, pero a los bancos sí les está permitido robarte… y no se conforman con la cartera, el coche o el televisor… te roban directamente la casa; de trabajo mejor ni hablemos, porque hoy por hoy ni los esclavos tienen asegurado el rancho; y bueno… esto es lo que hay.

A la vista de semejante estercolero, es comprensible que haya quien decida castigar al Sistema, negándose a legitimarlo con algo tan íntimo como es el voto… un contrato por el que delegamos la confianza en un grupo de personas, para que gobiernen de acuerdo a ciertas convicciones ideológicas. Algo demasiado serio para ponerlo en manos de los embusteros patológicos, cleptómanos, prepotentes, megalómanos, corruptos, incultos e irresponsables que viven del cuento de la falsa democracia.

Con todo, nuestro voto es una de las pocas vías pacíficas que se encuentran al alcance de los obreros para permitirnos intervenir en la gestión de los asuntos de la Cosa Pública. Alguien dirá que nos queda la desobediencia civil, la crítica, el control, las propuestas de autogestión en condiciones de ausencia de autoridad… pero el hecho es que si excluimos el recurso a la violencia, hoy y aquí, las urnas constituyen un camino tortuoso pero transitable, que bien llevado, debería permitirnos empezar a cambiar algunas cosas, en defensa de la clase obrera, del Bien Común, de la igualdad, el laicismo, la libertad, la austeridad y la fraternidad.

Ahora bien, antes de ejecutar cualquier programa de gobierno es preciso ejercer nuestros derechos con responsabilidad, seriedad, y serenidad. Serenidad para no actuar a golpe de impulso. Seriedad para analizar los tiempos, los objetivos, la credibilidad, la trayectoria, el programa, los nombres y la honestidad de las diferentes opciones, y su encaje estratégico a corto, medio y largo plazo. Y responsabilidad para reclamar coherencia, para supervisar la posterior acción de gobierno, y darnos cuenta de las implicaciones de la existencia y el sentido nuestro voto.

Confieso que nunca he comprendido cómo es posible que un partido que persigue el enriquecimiento de unos pocos en detrimento de la inmensa mayoría, consiga hacerse con la mayor parte de los sufragios emitidos. Nunca entenderé cómo puede ser que las urnas otorguen el gobierno de Madrid al partido heredero de la estructura franquista. Cómo un trabajador homosexual o una trabajadora nacida en otro país, confían su voto a un partido que, si pudiera, acabaría físicamente con ellos.

La explicación es obvia: el engaño, pero aún así, cuesta comprender cómo se puede mentir satisfactoriamente a una mayoría suficiente para gobernar. Porque ellos, los ricos, los auténticos beneficiados por la política de lo injusto, el odio y la opresión, son una infinita minoría. Obrero, entérate: tu voto vale lo mismo que el voto del presidente de una entidad bancaria. Y somos más los curritos de 1.000 euros, que los Consejeros de Administración, con yate, chalé, piscina, golf, coches, gomina y gemelos.

La lógica aritmética y la ilógica legal, permiten que en nuestro país, se pueda gobernar incluso con un apoyo electoral ínfimo. En pocas palabras: la abstención no cuenta, y si esperamos a que nuestra ausencia intencionada cause algún trauma o sentimiento de culpabilidad a los que viven o se benefician ‘de todo esto’, estamos muy equivocados.

Ellos, los de la derecha, tienen claro que hay que ir a votar para defender sus privilegios, sea como sea. Se lo toman como un trabajo, de hecho, para muchos de ellos, votar es el único trabajo que hacen.

Sea cual sea la razón, a los de siempre, les trae sin cuidado que te conviertas en un abstencionista. Importa poco si no votas porque eres un vago, irresponsable e inculto, o si eliges no hacerlo porque estás convencido de vete-a-saber-qué-razones. Ni siquiera una abstención superior al 75% les importaría, es más, mejor para ellos, porque eso supondría que su suelo absoluto de electores equivaldría a una mayor proporción de escaños.

Si tenemos en cuenta el sistema electoral vigente y la poca vergüenza de nuestra clase política, la abstención activa es una grave equivocación que favorece a los partidos tradicionalmente mayoritarios, los verdaderos responsables del hartazgo provocado por esta situación de detritus sistémico.

Por poner algunos ejemplos: si en las elecciones a la Asamblea de la Comunidad de Madrid de mayo de 2003, tan solo 6.000 de los 235.428 votantes que depositaron su confianza en Izquierda Unida, se hubieran quedado en casa, por aplicación de la Ley D’Hondt, 1 de los 9 escaños obtenidos por IU habría ‘saltado’ al Partido Popular –no al Partido Socialista Obrero Español–, de modo que el PP habría obtenido 56 escaños, en lugar de los 55 que realmente obtuvo. Otro ejemplo: si al repetirse las elecciones cinco meses más tarde, el PSOE hubiera conseguido un 3% más de votos, habría conservado la presidencia de la Comunidad, arrebatada por la incalificable actitud de dos sujetos que no votaron a su propio grupo parlamentario.

No se trata de movilizar el voto hacia los garantes de la partitocracia que confiere estabilidad y legitimidad a esta segunda etapa del franquismo, sino de atizar la conciencia de muchos que piensan que todo está perdido. No hay lugar al desaliento, no nos lo podemos permitir.

Es difícil votar cuando se tiene la intensa sensación de que un simple voto no cambiará nada, y que además, nuestra voluntad será utilizada, retorcida y tergiversada por el politicucho falso, previsible y engreído, que no piensa más que en su propio bien y en descubrir nuevas formas de hablar in decir nada, alejado de la realidad y profundo desconocedor de la calle, la patera, la fábrica, la trinchera y de tantas otras injusticias que simplemente, no le importan.

De todos modos, vota. Vota a quien te inspire más confianza, a quien creas que defenderá mejor tus ideas, a quien juzgues creíble. Vota honestidad, vota programa, vota futuro, vota coherencia, vota en libertad. Vota a quien quieras, pero no votes nazismo. No votes guerra, no votes odio, no votes discriminación, no votes complicidad, no votes explotación, no votes arbitrariedad, no votes mentiras, no votes fascismo, no votes brujos, no votes revisionismo. Vota trabajo, justicia social, discurso inteligente, compromiso a pie de calle. Vota mujer. Vota paz. Vota vivienda. Vota República. Vota por tu tierra, tu cultura e identidad, sin odiar a las demás. Vota Memoria. Vota por tus derechos… y no te quedes sin votar, sabiendo que otros no faltarán a su cita con las urnas, para defender lo contrario de todo lo que te importa.

Es una pena que alguien esté tan concienciado como para plantearse la posibilidad de no votar, guiado únicamente por la intención de mejorar el mundo… y que como resultado de ese razonamiento erróneo, el voto de alguien así, se pierda. Una verdadera pena.

Votar implica pensar y casi siempre nos parece más cómodo no tener que hacerlo, pero… ¿vamos a dejar que otro piense por nosotros?

¡Salud!

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